Este óleo sobre lienzo recrea una escena nocturna de atmósfera envolvente del primer puente de San Sebastián, donde la arquitectura urbana se funde con el movimiento del agua y la luz. Las farolas, coronadas por globos luminosos, actúan como ejes visuales que guían la mirada a lo largo del puente y se reflejan sutilmente en la superficie ondulante del río, creando un ritmo sereno y melancólico. La paleta dominada por azules profundos y grises verdosos refuerza la sensación de quietud y misterio, mientras que los toques de blanco luminoso aportan contraste y vida.

